ANTONIO LAGO;
De las ciudades costeras
tras los cantiles tumbados
yo,me adentro en la tarde quejumbrosa
en soledad con mi reflejo y mi nada.
Las olas van y vienen
entre ruidos sordos,
blancas espumas
por los lindes de mi Atlántico.
Tiene los reflejos rojizos
sobre gris verde-azulado
mi Atlántico como el espejo de Venus
reluciente,te envuelve y atrae.
Lejos los montes de mis rías duermen
envueltos en dulces brumas,
nieblas otoñales,amorosas,
tranquilos, parecen estar descansando
de su condición de ser moles pétreas.
Tardes turbias de otoño temprano
atardecer pleno de colores.
Un viento suave mueve los árboles
de los bordes del arenal,
una suave brisa levanta estelas de arena
formando torbellinos de mica iridiscente.
La luna está subiendo
jadeante,blanquecina,llena.
Las calles grises
se cruzan y alejan
buscando los dispersos viandantes
que retornan a sus casas.
Calles de mi ciudad
bañadas por el Atlántico
¡Ay,yo no puedo vivir sin ellas!




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